¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a terminar así una vez más? ¿Por qué no puede entender que yo hablo sin motivo, sin significado? ¿Por qué tardaba tanto en dejar de provocarlo si no me había provocado absolutamente anda? ¿Por qué no me iba, para simplemente dejarte en paz, solo, sí, pero en paz? Y otra vez doña necesidad se equivocó, y esta vez no pudo pararlo.
A cada irregularidad le correspondía un por qué, pero por qué? ¿Por qué no dice nada? ¿Por qué no habla? Como siempre, ese nada se transformó en algo que era más que algo.
Llevaba intacto su ser y lo entregaba así para que lo moldeen. No era alguien, sino que se dejaba ser.
Y otra vez doña necesidad se equivocó. Lo hizo girar, girar, girar, dar tantas vueltas hasta enloquecerse, marearse, sin saber para donde correr. Correr. Salir corriendo y esconderse. Salí de ahí, salí. Te conozco. Y por fin la arrastró. El no lo quería creer pero era cierto. La arrastró, la dejó ahí, sola. Y preguntando, preguntando, preguntando.
0 opiniones absurdas:
Publicar un comentario en la entrada