lunes 5 de julio de 2010

be anything but obvious

Todo era distinto de lo que debería ser. No puedo. En vez de seguirse mintiendo, había preferido seguir adelante e intentar otra cosa completamente distinta. Pero no puedo. Arrancó un pétalo de una de las cuarenta rosas blancas que había sobre la cama. A pesar de lo me obligaba a hacer no podía. Arrancó el segundo. No. El tercero. Es que no puedo. Otro más. No puedo dejarlo. Es demasiado. Le saqué la flor de la mano, y al instante agarró otra. Ambas nos quedamos en silencio. Ese silencio me estaba matando. Sin querer, estaba rechazando todo lo que le decían terceros y lo sabía. Pero lo esquivaba, necesitaba vivir en su propia realidad alucinógena, en la que nadie la moleste y pudiera obtener lo que quisiera y en el momento que quisiera. Poco a poco sus piernas desaparecían en pétalos de rosas blancas. No doy más, siento que esta situación me supera cada vez más. El lenguaje era el aspecto más violento de la locura. No hace falta estar muy cuerdo por acá, le dije y arrancó otro pétalo. Nos quedamos de nuevo en un largo silencio las dos. Largó una carcajada. No entendía bien por qué se reía, pero de esa manera asumía las razones que la hacían cambiar el color de todo. Y así tener una visión un poco más optimista. Tarada, me dijo con los ojos un tanto mojados. A pesar de sus insultos, me quedé cerca. Lo bastante cerca para seguirla, lo bastante alejada para no ser descubierta. Suspiró, se tapó la cara y se quedo en silencio. La puta madre. Bipolar. Seguramente indecisa, además, pero más una amenaza para sí misma que para los demás. Ese llanto le arrancó la sonrisa de la boca. Soy así y no voy a poder cambiar. No podrías ser quien soy. Necesitaba saber no solo quién era, sino qué era lo que le pasaba. Ay no sé. No sé qué me pasa. Había sobrepasado su límite, necesitaba mandar todo un poquito a la mierda y así poder recuperarse. Absolutamente todo. Es que no puedo, es demasiado. Ella lo quería todo. Todo lo que sus sentidos puedan alcanzar en un instante. Un preciso instante. Un instante que podía ser tanto efímero como interminable.

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