Apenas está amaneciendo, llueve. Ayer murió la abuela. El cielo está cubierto de nubes negras que no permiten ni siquiera distinguir la hora. María está acostada en su sillón. Tiene diecisiete años, un par de libros, y una manta. María lee poco, apenas toca el piano. Quisiera algo, no sabe qué. Quisiera no tener miedo, evadirse. Quisiera escapar a un lugar desconocido. Conocer gente. Imagina personajs nuevos, los visualiza en su mente: les pone cara, les crea cuerpo, personalidad. Se convence de que esa gente no la conoce y no la juzga. Su imaginación la lleva hacia otro lugar. Piensa que en ese lugar puede empezar desde cero su vida. Pero su razón le dice que mientras se lleve a sí misma, llevará consigo ese miedo que ahogará su felicidad en todas partes. Día a día tiene ese sentimiento, y siempre el resultado es el mismo. Se sienta en el sillón verde, se tapa completamente con mil frazadas de lana. Seis, siete libros reposan sobre la mesita de madera parece esstar al lado suyo, libros que día a día esperan ser leídos.
María está aburrida, y se dispone a leer algún libro. De repente, su mente se pone en blanco; empieza a crear su propio mundo, lleno de mil pequeños deseos, de los caprichos minuciosamente destruidos de su infania. Ahora que ella puede, que lo puede todo. Ser la dueña del mundo, de su mundo, pero el miedo y la timidez le cierran la garganta.
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