martes 15 de diciembre de 2009

zig-zag

Mi capacidad de sorpresa estaba empezando a perder cualquier límite. Me pregunto una y otra vez porque no te rendís conmigo, por qué no me dejás como soy, que te vayas y disfrutes tu vida lejos muy lejos de mí, que me dejes y que te dejes en paz.
Pero es justo que yo te pida eso? No te pido amor, nunca. Pero es justo? Todo se olvida o se determina. Nunca hay un centro, ni camino, ni línea, pero se supone esa traición, intranquilidad, incomunicación o cualquier otra mierda.
Otra vez llorará, tan desconsoladamente, con un dolor profundo, antiguo, distante, que dice que todo aquello no podría ser otra mentira, tenía que ser verdad. No querrá, no creerá, no podrá. No creerá poder. No querrá poder creer que de nuevo, otra vez la conexión en la que ella creía nunca existió, en absoluto. Reinará en mí una gran impotencia, impotencia que solo el tiempo lograría curar. Todo se olvida o se determina. En poco tiempo entraría en la típica etapa de negación, la que negaría con naturalidad.
Pero nunca entró en esa etapa de negación (o todavía no quiere darse cuenta). Por el contrario, no era la misma, era otra totalmente distinta que intentó seguir siendo una y otra vez. Era otra, sí y no había duda. Era fría, cruel, manipuladora, o era lo que intentaba mostrar. Era la imagen que daba a la gente que no conocía ni quería conocer muy a fondo.
Devolvió a su cabeza la razón, hizo desaparecer esos recuerdos que en un futuro recordaría como lo imbécil que había sido y se obligó a no querer por una vigésima puta vez.

0 opiniones absurdas: